#Opinión: Medio Oriente región tensa y volátil; por el Dr. Jesús Alberto Zárraga Reyes

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El ataque militar ejecutado por los Estados Unidos a comienzos del mes de Enero de 2020, en las adyacencias del aeropuerto de Bagdad, capital de Irak, ocasionó la muerte del general Qasem Soleimani, comandante de la fuerza élite Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, acción bélica  en la cual perdió simultáneamente la vida Abu Mahdi Al Muhandis, líder de la agrupación terrorista Kataeb Hezbolá, dicha acometida  fue realizada a través de la utilización de elementos de sofisticada  tecnología, utilizándose en este caso, un vehículo no tripulado, denominado Drone de la serie MQ-9 Reaper, conocido como Predator B.

En concordancia, el ataque militar a precisión perpetrado por los Estados Unidos en el territorio de la República de Irak, dirigido en contra de Qasem Soleimani,  no debería interpretarse como una bilateral disputa generada como acción de represalia a causa del financiamiento otorgado por el ex-líder Chiíta a grupos terroristas de la región o vincularse exclusivamente a los ataques con misiles a bases militares estadounidenses en Irak, cuyas acciones terroristas han sido atribuidas a Teherán,  en donde en una de ellas, perdió la vida un contratista civil estadounidense. Por el contrario, la referida acción militar, está  a su vez, asociada a factores geopolíticos que convergen en  la región del Medio Oriente con alcances a nivel mundial.

Es innegable, que el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump al adoptar la unilateral y transcendental decisión, asumir toda la responsabilidad  y alto riesgo del ataque militar ejecutado, lo ordenó, estando plenamente consciente que sus efectos generaría aguerrida reacción por parte de la Republica Islámica de Teherán, repudio de países de la región, enardecidas amenazas de grupos terroristas, contundentes pronunciamientos de organismos internacionales, y serias objeciones del propio Congreso norteamericano.

La muerte de Qasem Soleimani a causa del ataque incurrido,  condujo al Presidente Donald Trump a justificar la decisión de Gobierno asumida, considerándola como un acto de Seguridad Nacional, en su defensa alegó  que: “Existía una inminente amenaza a los Estados Unidos que obligaba a impedir que ocurriera”, en tal sentido, afirmó  que contaban con importantes pruebas que conducían a confirmar que Qasem Soleimani, estaba preparando un ataque armado a  funcionarios diplomáticos, empleados y destrucción de la sede de la Embajada de los Estados Unidos en Bagdad.

En conexión argumentó: “No actuamos para iniciar una guerra”, “No buscamos un cambio de régimen”. “Actuamos para detener una guerra”. “ Sin embargo, las agresiones del régimen iraní en la región, incluido el uso de combatientes para desestabilizar a sus vecinos, debe terminar y debe terminar ahora”.

La República Islámica de Irán, mediante su incendiario verbo, manifestado por las principales autoridades iraníes, representada por: el Ayatola Ali Jamenei, máximo líder de la Revolución Islámica, Hasan Romaní, Presidente de la Republica Islámica de Irán y Esmail Ghaani, nuevo Comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, amenazaron con “severa Venganza” a los Estados Unidos, causar daños a los países aliados y golpear sus intereses.

En tal sentido, la acción  militar no se hizo esperar, Irán como respuesta al ataque sufrido, lanzó  lluvias de misiles a las bases militares Al Asad, situada a 160 Kms al Oeste de Bagdad y la ubicada en la provincia de Irbil al norte de Irak en las que se albergan soldados norteamericanos.

El ataque Iraní a las bases militares estadounidense, inmediatamente generó alarma, preocupación y alta tensión, no sólo en la esfera regional del Medo Oriente, sino que subsiguientemente, se produciría una escalada del conflicto entre los Estados Unidos y la República Islámica de Irán,  conflicto en el cual no existía ningún tipo de posibilidad de predecir o medir la grave magnitud de sus efectos.

A raíz del ataque suscitado en el territorio Iraquí que segó la vida del Comandante Qasem Soleimani, el Parlamento de Irak aprobó una moción interna mediante la cual exigió al Gobierno de Irak expulsar las tropas de Estados Unidos que se encuentran asentadas en ese país como señal de represalia por el acto hostil acaecido.

Por su parte, El Primer Ministro interino, Adil Abdelmahdi, consideró esa opción como “la mejor para Irak”. Es importante observar, que en el debate realizado, estuvo presente el bloque Chiíta representado por la fracción mayoría en el Parlamento Iraquí, mientras que  los parlamentarios de los bloques suní y kurdo se ausentaron de la sesión realizada para dicho efecto.

El Mandatario norteamericano Donald Trump, posterior al ataque misilistico ejecutado por el Gobierno iraní  a las bases militares norteamericanas en Irak,  se reunió con altos funcionarios de su  Gobierno, con miembros de su gabinete, representantes del pentágono y ejercito a fin de evaluar los daños ocasionados y adoptar medidas como respuesta militar a Irán.  Concluida la reunión, declaró que “Todo está bien”. Confirmó  que “no hubo víctimas en el ataque perpetrado contra bases estadounidenses en Irak”, en concordancia agregó, que “Estados Unidos tiene el Ejército más poderoso y mejor equipado del mundo”, igualmente,  acotó  que los Estados Unidos, está “preparado para tomar cualquier acción que sea necesaria”. Por supuesto, sus estimulantes palabras fueron enunciadas para aliviar la tensión surgida.

El Ministro de Relaciones de Irán, Mohamad Javad Zarih, una vez, ejecutada la operación misilistica iraní, en atención a una aparente línea de distensión, anunció que: “Teherán daba por concluidos los ataques contra la tropas estadounidenses, que no buscaba ni una escalada, ni una guerra”.

En consecuencia, ante las declaraciones del alto funcionario diplomático, emitidas a nombre de la Republica Islámica de Irán, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump declaró: “Parece que Irán no quiere continuar la escalada y esto es algo muy positivo para todas las partes”. Ambos pronunciamientos certeramente, fueron tranquilizantes y bajaron la tensión de los aliados de los Estados Unidos, países de la región del Medio Oriente e igualmente, fueron enormemente tranquilizantes para la Comunidad Internacional,  los cuales antes de las Declaraciones emitidas por los altos Mandatarios, percibieron que el Mundo estaba a punto de entrar en un peligroso conflicto y pesimistamente en una probable guerra de alto impacto, cuyos efectos para avezados analistas y determinados actores políticos, pudiera haber desencadenado en una tercera guerra mundial.

El Ministro de Relaciones Exteriores de la Federación de Rusia, Lavrov Serguéi Victorovich, condenó el bombardeo efectuado, aludiendo que “el ataque a un funcionario gubernamental en el territorio de un tercer país, viola los principios del Derecho Internacional”.

Independientemente del apoyo manifestado, es propicio resaltar, que la Federación de Rusia y la República Islámica de Irán, son grandes aliados en la región del Medio Oriente que buscan tener papel protagónico, expandir su influencia en la región y enfrentar  a los Estados Unidos el cual consideran como un rival y enemigo común.

En concordancia con lo anterior, es válido apreciar que en las acciones bélicas realizadas por el binomio de los antagónicos actores internacionales, estuvieron implícitas demostraciones de fuerza que lo reafirman a uno, como potencia mundial y a otro, como país de recelo en la región del Medio Oriente.

En ese contexto, no es descartable deducir que ambos países se encuentran en pugna permanente producto de la vinculación que tienen en temas estratégicos que guardan estrecha relación con factores geopolíticos relacionados al Medio Oriente y a otros que forman parte del escenario mundial, tales como: la seguridad de navegación en el estrecho de Ormuz que enfrenta a los Estados Unidos y a la República Islámica de Irán por ser este el paso marítimo más importante y estratégico que permite el paso de los buques petroleros más grande del mundo, en donde transitan una quinta parte del petróleo mundial, aproximadamente, diecinueve millones diarios de barriles de petróleo, por ese canal cruzan las dos terceras partes de las exportaciones de petróleo de Irán. En orden de importancia, existen otros canales marítimos de intensiva navegación, siendo ellos: el estrecho de Malaca, seguido del canal de Suez.

 Asociado a la conflictividad entre ambos países, se incorpora el tema nuclear. En cuanto a este corresponde destacar, que el Presidente Donald Trump, a principios del año 2019,  retiró a Estados Unidos del Acuerdo multilateral alcanzado con Irán en el año 2015, bajo el cual se dispuso aplicar controles estrictos sobre el programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de una amplia escala de sanciones; como consecuencia de la controversial exclusión, las sanciones levantadas por Estados Unidos y otros países en el año 2016, en lugar de ser aplicada multilateralmente,  ahora están siendo reimpuestas unilateralmente por los Estados Unidos.

Al respecto, la Unión Europea, considera que Irán está cumpliendo los compromisos adquiridos sobre la aplicación del Acuerdo nuclear, por consiguiente, mantiene su posición de continuar comercializando petróleo con Irán y  no adherirse a las resoluciones sobre la materia emanada  de los Estados Unidos.  Por su parte, el régimen de los ayatolás no ha vacilado en amenazar que “si los Estados Unidos intentan detener sus exportaciones de petróleo, entonces ningún país del Golfo Pérsico podrá exportar petróleo por el Estrecho de Ormuz, bloqueará el paso de los barcos petroleros a través de ese canal.”

Desde una perspectiva inductiva, es apropiado resaltar, que el vicepresidente iraní, Muamad Reza Rahimi, afirmó que “ni una gota de petróleo transitará por el estrecho de Ormuz” si los países occidentales adoptan sanciones contra las exportaciones petroleras iraníes a raíz de su programa nuclear. Los Estados Unidos a sabiendas de la importancia de dicho estrecho por donde fluye el 40% del tráfico petrolero marítimo mundial y en atención a las amenazas a embarcaciones petroleras, desplegó en las inmediaciones del Estrecho de Ormuz, el portaviones nuclear Abraham Lincoln para salvaguardar la seguridad marítima en el estratégico canal.

Como dato histórico, es propicio observar, que durante la guerra desarrollada entre Irán e Irak en el año 1990, ambos países se esforzaron a bloquearse mutuamente el paso de su petróleo por el Estrecho de Ormuz,  el proceder de aquel entonces ocasionó numerosas bajas de mercantes petroleros.

En extensión a las sanciones petroleras aplicadas, se encuentran adicionalmente, sanciones de tipo comercial y financiero, las cuales establecen que cualquier compañía que negocie con Irán no podrá hacerlo con los Estados Unidos, asimismo, serán sancionadas compañías norteamericanas que desarrollen relaciones comerciales con aquellas compañías que realicen negocios con Irán. No suficiente con ello, el Presidente Donald Trump, reforzará las sanciones al sector bancario iraní, sumadas a las medidas impuestas a los sectores, industrial, comercio de oro, metales preciosos y sector automotriz.

Constituye hecho innegable, que entre los múltiples factores controversiales que convergen a raíz del ataque mortal a Qasem Soleimani, y en atención a una visión holística, inyecta mayor complejidad a la situación en el Medio Oriente, la división político-religiosa existente entre los devotos a la teología musulmana, que data del año 632, en donde  la muerte del profeta Mahoma, constituyó el germen que dio origen a las ancestrales pugnas que derivaron en dos vertientes religiosas, cada una de ellas sigue en forma propia las escrituras del Islam, siendo ellas: la Sunita (Ahl al Sunna) o rama tradicional y ortodoxa, caracterizada por venerar a todos los profetas mencionados en el Corán, esta rama, propugna un sistema legal islámico, codificado, fundamentado en doctrinas, rituales, leyes, teología y organización. Por otro lado, se tiene la  corriente Chiíta, la cual constituye una fracción político-religiosa (Shiat Alí) que considera al  yerno del profeta Mahoma Alí,  como su providencial descendiente, esta corriente musulmana, practica la interpretación abierta y constantes de los temas islámicos, cuentan con jerarquía de clericos,  son partidarios de elementos mesiánicos y reclaman el Derecho de sus descendientes a liderar a los musulmanes.

Desde tiempos remotos, los exponentes de ambas corrientes, han enfrentado intrigas, violencia y guerras civiles, estos hechos traslados al campo político y en las relaciones internacionales entre los diversos Estados del Medio Oriente, han ocasionado atroces luchas por el dominio regional; situación esta compleja y real que puede confirmarse al apreciar el nivel de influencia de las distintas fracciones teocráticas. Ejemplo: en países como Arabia Saudita, Bahréin,  Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak, el Poder lo ejerce los Sunitas; en países como Irán, Siria, Qatar, Turquía, el Poder lo controla la rama Chiíta. En el Líbano, existe un Gobierno concertado entre diferentes credos, el Presidente es Maronita, el Primer Ministro, Sunita, el Presidente del Parlamento Chiíta, mientras que las minorías se encuentran representadas en el Parlamento libanes. En Siria, el Gobierno es pro-Irán, la oposición pro-Saudita, en Líbano, el Gobierno pro-Irán, el bloque principal Sunita, pro-Arabia Saudita, en Yemen el Gobierno en el exilio es pro-Saudita, los rebeldes Huties pro Irán.

La complejidad del mapa político-religioso que impera en el Medio Oriente, es irregular, volátil y de gran magnitud, Arabia Saudita, Irán, Irak y Siria, combaten a los Grupos Yihadistas conformado por el autodenominado Estado Islámico (EI) y Al-Qaeda como a un enemigo común.  En  Irán y Siria existen corrientes sunitas extremistas, como la conformada por los Talibanes presentes en Afganistán y Pakistán, son antagónicos a los Estados Unidos, sin duda, al Estado de Israel, preparado ante cualquier ataque, califica a ambos extremistas como  acérrimos enemigos.

La muerte de Qasem Soleimani, comandante de la fuerza élite Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, causada con armas a precisión, manipuladas a distancia por mandato del Presidente de los Estados Unidos, creó  alarmante tensión en el Medio Oriente y ante el Mundo, principalmente en los países aliados, asimismo, produjo inmediata reacción en fanáticos musulmanes, principalmente, en los pertenecientes a la rama Chiíta, evidencia de ello fue el enardecido asedio por parte de manifestantes iraquíes a la Embajada de los Estados Unidos ubicada en Bagdad. La proclamada “severa venganza” y “retiro de las tropas norteamericanas de sus territorios”, la inmediata reacción de repudio presentada y las manifestaciones de odios esgrimidas, fueron actuaciones que pudieron haberse extendido especialmente a los países que profesan la Fe Islámica y primordialmente a los devotos Chiitas, y a muchos otros países, creando un grave peligro que hubiera atentado contra la Paz Mundial y Seguridades Internacionales, ello, debido a    que uno de los más idolatrados líderes militares de la Revolución Islámica, Qaem Soleimani, fue eliminado físicamente, que el Régimen de los Ayatolas lo había convertido en una leyenda Popular, y que además lo estaba preparando para ostentar el más alto cargo en la República  Islámica de Irán.

La racional decisión asumida por el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de abstenerse en ordenar una reacción militar a consecuencia al ataque misilistico contra dos bases militares estadounidense ubicadas en Irak, y  la posición asumida por el Gobierno de la Republica Islámica de Irán posterior al ataque misilistico a bases militares norteamericanas establecidas en Irak, se asocian con fundamentales postulados implícitos en la Teoría de las Relaciones Internacionales, los cuales en su parte sustantiva, aplicados en la Toma de Decisiones, consagra la necesidad en Política Exterior de: “elegir en forma racional, alternativas posibles sobre las cuales existe incertidumbre y elevados riesgos”.

Como parte infine, corresponde resaltar, que aunque la sensatez, acertado discernimiento, racionalidad política y vital equilibrio de los actores internacionales antagónicos involucrados en el tenso episodio militar, privó en sus sabias decisiones, evitando de esa forma  una peligrosa escalada del conflicto militar presentado, amerita tener presente, que la amenaza de fracciones gubernamentales inconformes y de grupos radicales e irracionales, se mantiene latente y se cierne sobre la atmósfera, de allí, que se exige a los países que pudieren ser afectados por acciones terroristas, ser previsivos, activar alertas y blindar sus defensas integrales, incluyendo aquellas  concebidas a contrarrestar ataques cibernéticos subversivos u otras de mayor tenor e intensidad.-