Griselda Reyes: Mejoremos como personas para ser parte de la solución

6
Foto: cortesía

Venezuela es, indiscutiblemente, una tierra de gracia. La naturaleza nos dio todo lo que necesitábamos para convertirnos en un país de primer mundo, desarrollado, con calidad de vida.

Sin embargo, a lo largo de la historia, los gobernantes han ido adoptando decisiones erradas –más acordes a sus intereses personales que a los intereses colectivos–, que comprometieron el progreso del país y, en consecuencia, de sus habitantes. En pleno siglo XXI estamos viviendo como si estuviésemos en el siglo XIX. Pasamos de ser un país en vías de desarrollo a un país del tercer mundo, con una población absolutamente depauperada, paupérrima.

Por: La Patilla

Pese a todo lo malo que está ocurriendo, tenemos que ver el lado positivo. Y hay dos cosas que me gustaría destacar: 1) La educación y 2) El talento humano.

En Venezuela la educación es gratuita y obligatoria desde el 27 de junio de 1870. Esto se lo debemos al presidente Antonio Guzmán Blanco. Casi 150 después, el Estado venezolano sigue garantizando la gratuidad de la enseñanza pública preescolar, primaria, secundaria y universitaria.

Para nosotros eso es normal, pero en la mayoría de los países del mundo, la educación es paga lo cual restringe su acceso. Sin cuestionar la calidad de la educación en estos momentos, los egresados universitarios venezolanos siguen teniendo una alta estima en el mundo. De hecho, universidades como la Central de Venezuela, la Simón Bolívar, la de Oriente y la de Los Andes –públicas– siguen ocupando puestos importantes en los ranking internacionales.

Miles de profesionales venezolanos han emigrado como consecuencia de la crisis humanitaria compleja en que estamos sumergidos desde 2014. Talento venezolano que, lamentablemente, partió de nuestro país para, enhorabuena, enriquecer a otras naciones que también lo necesitaban.

En cuanto al talento humano, podemos decir que hoy Venezuela tiene una cantera de jóvenes en formación, y gente no tan joven pero muy preparada, que sigue apostando por nuestro país y que quiere formar parte del proceso de reconstrucción.

Como profesional universitaria lo digo con orgullo: cada día de mi vida agradezco a este país por todas las oportunidades que me ha dado para ser lo que soy, para construir lo que tengo y para soñar con un futuro mejor.

Y he entendido que esa desesperanza aprendida en la que ha caído gran parte del país, se debe en parte a que el venezolano común desconoce la Constitución.

¿Cómo nos defendemos si no manejamos las herramientas legales que nos amparan? En estos momentos de crisis – en los que se hace difícil pensar en otra cosa distinta a cómo vamos a resolver la comida del día o adquirir los medicamentos para preservar la vida de un ser querido –, necesitamos sacar lo mejor de nosotros para enfrentar esta batalla que tenemos por delante.

Etimológicamente, la palabra Maestro proviene del latín magister, que deriva de magis (más), sobre la raíz indoeuropea meg-, que se refleja como más o mayor. Maestro vendría a significar “el que se destaca sobre los demás”.

Mientras que su opuesto es Ministro. Etimológicamente, Ministro proviene del latín minister, de minus (menos) y hacía haciendo referencia al siervo. Vendría a significar entonces “el subordinado con menos habilidades o conocimientos”.

Ciertamente la lucha que tenemos es larga, por eso debemos prepararnos como ciudadanos para formular reclamos; para defender lo que nos pertenece; y para exigir de las autoridades rendición de cuentas y el cumplimiento de sus funciones, porque a fin de cuentas ellos están subordinados a nosotros.

Habiendo aclarado el origen etimológico de los dos conceptos – porque creemos que la educación es la única capaz de liberar al ser humano de sus ataduras –, los venezolanos debemos también saber que, constitucionalmente, tenemos derechos y deberes políticos que tendríamos que conocer al pie de letra.

Ya dijimos que Venezuela es uno de los pocos países que goza de una educación gratuita, cuya calidad es perfectible. Y corresponde a padres, representantes y maestros asumir el rol de formar hombres y mujeres de bien, inculcándoles valores y brindándoles herramientas para dar respuesta a las exigencias del momento.

Tenemos que comenzar a mejorar como personas para volvernos ciudadanos: aprender a pedir las cosas, a reclamar, a ser agradecidos.

Cuando alguien comenta “Venezuela no se merece lo que está pasando”, me asalta la pregunta ¿qué has hecho tú para abordarlo, para salir del colapso? Más allá de la respuesta “seguir trabajando cada día” – cosa que además se convirtió en un acto de heroísmo en un país donde no funciona un solo servicio público y escasea el efectivo para pagar algo tan elemental como el transporte público –, intento ir a lo que nos compete en este artículo.

Todos saben que tienen derechos, pero la mayoría también obvia sus deberes. Y los venezolanos tenemos derechos y deberes políticos.

Me voy a referir al artículo 132 de la Constitución Nacional vigente: “Toda persona tiene el deber de cumplir sus responsabilidades sociales y participar solidariamente en la vida política, civil y comunitaria del país, promoviendo y defendiendo los derechos humanos como fundamento de la convivencia democrática y de la paz social”.

La realidad nos debe llamar a la reflexión. La queja permanente, la crítica sin fundamento, las comparaciones odiosas y la confrontación no nos van a ayudar a resolver la crisis política. Sólo nos mete en un círculo vicioso. Al no haber sinergia, reina la intolerancia.

Debatir supone poner a prueba nuestras ideas. No se trata de ganar la discusión porque sí o imponer un criterio determinado, se trata de ponerse en los zapatos del otro y ver las cosas en perspectiva.

Los venezolanos, tal como lo refiere la Constitución, estamos obligados a cumplir responsabilidades sociales y participar solidariamente en la vida política, civil y comunitaria del país. Y una de las maneras de participar es votando. Dejemos la queja, la crítica, el insulto, las acusaciones, los descalificativos y centrémonos en lo realmente importante.

Nos encanta exigir el cumplimiento de los derechos. Aquí les dejo algunos establecidos en la misma Constitución de 1999, que de un tiempo para acá, tampoco hemos querido ejercer.

Artículo 62: “Todos los ciudadanos tienen el derecho de participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes elegidos. La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo”.

Artículo 66: “Los electores tienen derecho a que sus representantes rindan cuentas públicas, transparentes y periódicas sobre su gestión”.

Artículo 68: “Los ciudadanos tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley”.

Artículo 70: “Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros(…)”.

Artículo 71: “Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo (…) a solicitud de un número no menor del 10% de los electores inscritos en el Registro Civil y Electoral”.

Artículo 72: “Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario, un número no menor del 20% de los electores inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato(…)”.

Sigamos trabajando en todos los escenarios previstos en la propia Constitución: diálogos, negociaciones, elecciones y todos aquellos que nos permitan dirimir el conflicto político de manera pacífica y legal. No cometamos los mismos errores del pasado. En la medida en que asumamos nuestro rol de ciudadanos, comenzaremos a ser parte de la solución.

No olvidemos que nuestros problemas deben resolverse cívica y democráticamente, con los mecanismos que establece la propia Constitución. Intentar otras vías sólo profundizará la crisis y generará más dolor en una población sometida a tantos vejámenes durante años. Venezuela tiene una irrenunciable vocación democrática que jamás podrá ser quebrantada. Vamos a cambiar al gobierno y su modelo fracasado, pero no con armas sino con votos.

@griseldareyesq