Papa Francisco llamó a transmitir a generaciones futuras actitud de solidaridad

13
Fotografía cortesía

El papa Francisco llamó este miércoles a la Iglesia católica a tener “entraña de madre” en momentos tan difíciles como los actuales, donde la emergencia por la pandemia, ha generado temor en el mundo.

“La vida que estamos llamados a promover y defender no es un concepto abstracto, sino que siempre se manifiesta en una persona en carne y hueso: un niño recién concebido, una persona marginada pobre, un paciente solitario y desanimado o en un estado terminal, alguien que ha perdido su trabajo o no puede encontrarlo, un migrante rechazado o encerrado”, expresó el pontífice durante su catequesis matinal de los miércoles y en un día en que muchos países celebran el Día del Niño por Nacer o el Día de la Vida.

En este sentido, el papa ha pronunciado su catequesis sin salir al exterior del Palacio Apostólico, acompañado solo de una decena de sacerdotes que le ayudaron a pronunciar sus saludos y lecturas en distintos idiomas.

Francisco hizo alusión a la gran encíclica provida de San Juan Pablo II, promulgada hace 25 años, también un 25 de marzo: “Nos enfrentamos a nuevas amenazas y nueva esclavitud, y las leyes no siempre protegen la vida humana más débil y vulnerable”, advirtió el pontífice argentino. “El mensaje de la encíclica Evangelium Vitae es, por lo tanto, más relevante que nunca”.

El papa dijo que la situación actual hace que las palabras con las que comienza la encíclica se sientan aún más desafiantes. “El Evangelio de la vida está en el corazón del mensaje de Jesús. Acogido por la Iglesia cada día con amor, debe ser proclamado con valiente fidelidad como la buena nueva a los hombres de todas las épocas y culturas”.

Por ello, el mensaje de la encíclica Evangelium Vitae es, más oportuno que nunca. Más allá de las emergencias, como la que estamos viviendo, dijo el papa, se trata de actuar a nivel cultural y educativo para transmitir a las generaciones futuras una actitud de solidaridad, cuidado y acogida, bien conscientes de que la cultura de la vida no es patrimonio exclusivo de los cristianos, sino que pertenece a todos aquellos que, trabajando para la construcción de relaciones fraternas, reconocen el valor propio de cada persona, incluso cuando es frágil y sufriente.

Por último, Francisco recordó otro momento de la encíclica de San Juan Pablo II, y la reafirma con renovada convicción. Es el llamamiento que dirigió el Santo a todos hace veinticinco años:

¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana! ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!“.