Almas: una historia que nunca será

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Eran las 7am de un día cualquiera. Ya no hay lunes, martes o sábados, no hay domingos, solo días.

Las historias de IG de este día, me hicieron llorar (y soy dura de roer). Habían dibujos de una elefanta en un río, embarazada, con sangre en su boca y una gran lágrima en su rostro.

¿Qué sucedió?

Las miles de carreteras en Venezuela, por la falta de alumbrado, la inestabilidad del camino, la inseguridad y demás circunstancias cotidianas, terminan en lamentables atropellos de ganado menor, gatos, perros, pájaros, hasta caballos.

Lo sé porque lo he visto…, que sea accidental no le quita lo terrible, lo doloroso, el frío infernal que te arropa las vísceras y la huella de silencio que deja en las almas.

Almas
Esto sucede cada día de forma fortuita…, nadie quiere matar a un animalito que quiso cruzar la carretera. Solo sucedió…, no lo viste venir, no lograste esquivar.

Almas
Duele dejar a un ser en sus últimos segundos de vida atrás, en la orilla del camino… o quizá tu alma te hizo montarlo en el carro y murió de camino al auxilio.

Almas
Alguien premeditó el asesinato de una elefanta embarazada en la India. Sabía que ella tenía hambre y plantó en una piña un explosivo. Sabía que dolería, que destruiría sus dientes, su paladar, su lengua. ¿Qué clase de Alma prepara algo tan atroz?

¿Alma?

¿Qué tipo de alma?, ¿un alma con capacidad de lastimar? No es así.

Alma es aquello que nos conecta con el Todo y todos. La culpa, el frío en las entrañas, el cosquilleo en la nariz que te hace llorar y las pesadillas que te llevan a lamentar obrar accidentalmente mal.

Quien preparó y le entregó esa piña a aquel ser hermoso y lleno de vida, no tiene alma.

El embarazo de un paquidermo dura de 18 a 22 largos meses. Es un trabajo arduo, lento y difícil. Alguien decidió que esa elefanta no merecía culminar esa labor. Que no debía mirar otro amanecer y que su hambre la llevaría a la muerte.

Cada año, matan a 30.000 paquidermos a nivel mundial y el mercado carnívoro asesina a otros millones al año.

Estar conscientes de esto, implica sentir que se congela tu cuerpo cuando pasas por la carnicería y pones rostros también a aquellos que el sistema llama “comida”.

Son vidas, son almas.

Recuperemos la nuestra, antes de que sea tarde.