“Me he sentido un leproso”: paciente con COVID-19 en hospital venezolano

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“No nos dan ni agua fría”, contó uno de los hospitalizados por COVID-19 en Venezuela. La espera de comida en el centro asistencial es “desesperante”.

El piso siete del Hospital Universitario de Maracaibo, donde se encuentran una docena de pacientes positivos por el nuevo coronavirus, le recuerda a José a una película cristiana que vio hace algún tiempo.

“Es como cuando los leprosos se escondían en las cuevas porque la gente los miraba mal”, cuenta a la Voz de América este venezolano de 30 y tantos años.

Una envoltura plástica transparente, con sus bordes sujetados con cinta adhesiva marrón, limita el paso de enfermos, médicos y enfermeros en la entrada del pasillo.

Son las 12:39 del mediodía del martes. José tiene dos días recluido en el lugar, después de que una prueba lo confirmó como positivo de COVID-19.

Piensa en su esposa, en sus dos hijas adolescentes, en su madre. “Hasta a mi perro y a mis dos loros los quiero ver. Los extraño a todos”, comenta.

La semana pasada, tras 72 horas de dolores de huesos y cabeza, fiebre y molestias en el nervio óptico, acudió a la emergencia del hospital, categorizado por Maduro como “centinela” para atender casos sospechosos de COVID-19 en la ciudad.

Una primera prueba rápida resultó negativa. Supo los resultados de otra, la PCR, a las 6:00 de la tarde del domingo, cuando las autoridades sanitarias le avisaron en una llamada que una ambulancia lo buscaría en su hogar. Su familia no se contagió, afirma.

“No tengo idea de dónde me contagié. Soy meticuloso con la limpieza”.

José comunica su nombre, ocupación y edad reales. Envalentonado, pide que lo mencionen oficialmente en su denuncia. Días después cambiará de parecer.

Comparte un video grabado la mañana del martes en el séptimo piso del hospital. En él, tres contagiados exigen a gritos que les den sus comidas y un mejor trato.

A la 1:16 de la tarde, ni él ni sus compañeros de pasillo han recibido el desayuno. En el centro de salud, prohíben a sus familiares entregarles alimentos, reprocha.

Tras el reclamo, permiten que sus cercanos les entreguen recipientes de comida. José come el arroz y la proteína animal con vegetales que le preparó su esposa.

“Si es por parte del hospital, no estuviera ni bebiendo agua. Aquí no nos dan ni agua fría. Siento que nos han tratado miserablemente”, se queja.

 No es sino hasta las 3:00 de la tarde cuando recibe tres envases con arroz, arepas y frijoles preparados en la cocina del hospital: el desayuno, el almuerzo y la cena.

No lo han visitado enfermeros ni médicos. Tiene una única manta para recubrir su cama. Le da frío de noche, se queja. Tampoco ha habido agua potable en su piso.

“Esto es miseria total. Me he sentido un leproso. Lo veo (la hospitalización en Maracaibo) como: te tiran, ‘morite ahí’, a ver si aguantáis los 14 días’”, opina.

Entra la tarde. Luego, la noche. José se despide con temor a represalias por conversar con la prensa independiente sobre las condiciones de su hospitalización.

“Si no escribo más es porque los del hospital me quitaron el celular”.